Del 4 al 7 de junio, Valladolid volvió a convertirse en un punto de encuentro para la improvisación teatral. Pero esta edición no era una más. Celebrábamos diez años de Va de Impro. Diez años de historias irrepetibles, de encuentros improbables, de escenarios compartidos y de una pregunta que sigue acompañándonos: ¿qué más puede llegar a ser la improvisación?
Durante cuatro días, artistas llegados de distintos lugares del mundo compartieron sus espectáculos, sus investigaciones y sus maneras de entender la escena.
Mesa redonda de arranque: La revolución pendiente de la impro
El encuentro comenzó con una mesa redonda para poder reflexionar sobre la propia disciplina: ¿qué le falta a la impro para poder ocupar el lugar que se merece?
La mesa redonda inaugural reunió a artistas y profesionales para reflexionar sobre el presente y el futuro de la disciplina. Lejos de centrarse únicamente en las técnicas o los formatos, la conversación giró en torno a la responsabilidad artística de quienes improvisan y a la necesidad de seguir construyendo una improvisación teatral cada vez más consciente de su capacidad para generar significado.
Se habló de la importancia de tomarse en serio la imaginación y la creatividad; de entender que cada escena, cada personaje y cada historia implican decisiones. ¿Qué queremos contar? ¿Por qué elegimos contar algo de una determinada manera y no de otra? ¿Con qué ideas, valores o conflictos decidimos comprometernos desde el escenario?

La reflexión puso sobre la mesa la necesidad de que la flexibilidad propia de la improvisación no se convierta en una ligereza respecto al oficio. Porque la impro es, ante todo, teatro. Y como tal, se nutre del rigor escénico, de la dramaturgia, de la puesta en escena, de la dirección, de la interpretación y de todas aquellas herramientas que históricamente han construido el lenguaje teatral.
También surgió la importancia de seguir mirando más allá de la propia comunidad improvisadora: acudir al teatro, leer literatura, observar el cine, escuchar cómo habla la gente, descubrir nuevas formas de narrar y ampliar constantemente las referencias artísticas. Porque cada artista puede utilizar las mismas herramientas para construir discursos completamente distintos.
La pregunta que atravesó toda la conversación fue sencilla y, al mismo tiempo, profundamente transformadora: ¿para qué hacemos improvisación?
Quizá la revolución pendiente consista precisamente en eso. En reconocer que la improvisación no solo representa cosas que pasan, sino que decide cómo las representa. Que toda elección escénica transmite una mirada sobre el mundo. Y que la impro merece ocupar plenamente su lugar como disciplina artística capaz de emocionar, cuestionar, imaginar y transformar.

Shows de Va de Impro 2026
La programación arrancó con Anfibia, el unipersonal de Mariana Palau, que nos llevó a recorrer el camino complejo de la migración, las despedidas y los descubrimientos que aparecen cuando una persona llega a un nuevo lugar. Un espectáculo lleno de sensibilidad, música y humanidad.
La misma noche, Edu Ferrés y Rubén Hernández demostraron con Shhhh! que no hacen falta palabras para contar grandes historias. Un vampiro atrapado en un ascensor, la casa de Papá Noel, una planta monstera, un científico loco que experimentaba con animales o una inesperada tortuga ninja fueron algunas de las delirantes propuestas que nacieron únicamente a través del gesto, el cuerpo y el juego.



El viernes llegó el turno de La Geisha, donde Agos Viglietta desplegó un impresionante trabajo multipersonaje, construyendo historias inspiradas por el público mientras bebía literalmente de una tetera japonesa repleta de sugerencias. Humor, crítica social y sensibilidad se dieron la mano en un espectáculo tan divertido como profundo.
La jornada se completó con Y tú me lo preguntas…, donde Pedro Placer y Víctor Castro encarnaron a dos peculiares oráculos capaces de responder cualquier pregunta a través de canciones improvisadas. Desde por qué cambia tanto la temperatura en Valladolid hasta cuál sería la mejor pregunta posible, todo encontró respuesta entre melodías, poesía y humor.



El sábado nos regaló uno de los momentos más emotivos del festival con Cartografía de la Memoria. Pilar Villanueva construyó un delicado tejido de cartas, recuerdos y relaciones familiares, desplegando hasta siete personajes sobre el escenario y demostrando una extraordinaria capacidad narrativa y emocional.
La noche continuó con En un lugar donde nunca pasa nada, un formato coral inspirado en los clásicos relatos de misterio, dirigido por Antía Vidal. A medio camino entre el Cluedo y la novela negra, el espectáculo convirtió al público en testigo de una investigación donde ni siquiera quienes interpretaban a la policía sabían quién era la persona culpable.





El domingo llegó cargado de humor con Pope, el unipersonal de Andrés Pastorini. Desde una comicidad cercana al clown y al lenguaje universal del gesto, el personaje soñaba con convertirse en Papa y estaba dispuesto a saltarse unos cuantos pasos para conseguirlo.
La clausura corrió a cargo de Días de Sol, formato coral dirigido por Pilar Villanueva. A partir de una propuesta del público —la difícil decisión de cortar la relación con un padre—, personajes procedentes de distintos universos narrativos acompañaron a la protagonista en un recorrido lleno de emociones, apoyo y esperanza.


Va de impro: Más allá de los espectáculos
Más allá de los espectáculos, Va de Impro volvió a ser un espacio de formación, reflexión y comunidad. Decenas de participantes compartieron talleres, conversaciones y experiencias que ampliaron la mirada sobre las posibilidades artísticas de la improvisación.






Esta décima edición también quiso reconocer la trayectoria y la aportación de tres artistas fundamentales para el desarrollo de la impro contemporánea: Agos Viglietta, Mariana Palau y Pilar Villanueva, cuyo trabajo sigue inspirando a nuevas generaciones de improvisadoras e improvisadores.

Y como cierre de una edición tan especial, llegó una sorpresa cargada de emoción. Artistas y amistades de distintos lugares del mundo se unieron en un vídeo para felicitar a Berta por estos diez años de Va de Impro. Un homenaje que sirvió también para recordar algo esencial: que la improvisación todavía tiene una revolución pendiente. La de ocupar, sin complejos, el lugar que merece como disciplina artística.

Diez años después, seguimos creyendo que esa revolución es posible.
Pero solo si seguimos construyéndola desde donde nació este festival: desde el amor, la pasión, la escucha, la colaboración y la comunidad.
Gracias a todas las personas que habéis formado parte de esta historia.
Nos vemos en la próxima improvisación…. digo… edición.










